Si el genial Santos Discépolo viviera en el comienzo de este siglo, se sentiría azorado por las cosas que ocurren y su inspirado tango quedaría “chico” para describir la real situación argentina.
La política alcanza su más bajo nivel, por lo menos desde la restauración de la democracia en diciembre de 1983. Somos responsables todos, pero en primer plano los políticos y de éstos los oficialistas kirchneristas encabezados por su jefe Néstor y ahora bien acompañado por su obediente consorte, la Presidente, con un lenguaje vociferante y denigrante a quién no piense como dicen que piensan ellos. A la par sus obedientes y obsecuentes colaboradores que tienen, por supuesto, su reconocimiento integral por parte del poder. Quedan, sin embargo, algunos pocos convencidos de buena fe, de que todo está bien.
La lucha a muerte para “arrodillar” a Cobos, antes al campo, siempre a la oposición y ahora a la justicia, sigue en los planes del matrimonio K, a sabiendas que hasta las próximas elecciones presidenciales tiene que ser una “lucha” a todo o nada, ya que si ocurre la hecatombe para el modelo conservador popular que representan, se viene “la noche triste”.
Los opositores confiados en el resultado de las elecciones de junio de 2009, no supieron comprender que los K agotarán todos los recursos disponibles, de cualquier tipo, para que el Poder Legislativo siga, aunque sea “paso a paso”, consintiendo sus proyectos, sean caprichosos o no. O si no lo consiguen, su meta es que ese Poder funcione lo menos posible. Los últimos acontecimientos así lo revelan. Los opositores ante la opinión pública quedan como inútiles, aunque para no ser tan severos, como descolocados, ante las maniobras del régimen conservador popular. También deben de revisar su proceder.
Mientras la sociedad más necesitada, la que vive principalmente de sus ingresos fijos, trabajadores y jubilados, contempla absorta, que poco o nada se hace para revertir la inseguridad, ya considerada crónica, ni tampoco por otras prioridades que tiene, y sobretodo por la reaparecida con todo, la muy temida inflación. Por más que las usinas del kirchnerismo insisten en minimizar la cuestión, la gente sabe cabalmente que no es así y que el ajuste liberal conservador, tal vez no tradicional, comenzó con todo con la llegada de este flagelo que es un real ajuste para el pueblo trabajador, equivalente a una disminución de sus ingresos, en época de estabilidad de precios.
Viajaba a Salta (desde San Salvador de Jujuy) y había sacado apresurado algunos CD. Para amenizar el corto y habitual viaje, puse un CD (el conductor es el que debe elegir cual) y resultó ser del recordado Chango Nieto “Con los ojos cerrados”, de hace unos diez años, más o menos. Al escuchar la vieja chacarera Chakay Manta, sentí una sincera emoción. Acompañaban al Chango, dos grandes de la música argentina: al piano Adolfo Abalos y al violín don Sixto Palavecino. Cada uno conserva su individualidad, pero cada uno colabora con su calidad impresionante en la interpretación de la pieza, logrando una belleza imposible de describir y cumpliendo cada uno cabalmente con su rol. El resultado es impecable.
Me puse a pensar que si el Poder Ejecutivo cumpliera con su rol y respetara al Poder Legislativo y al Poder Judicial, como el Chango respeta y agradece al Adolfo y al Sixto, el resultado sería una verdadera República.
Tal vez así, el pueblo que considera a esos tres artistas eternos en su arte, tenga mejor consideración con los políticos, algunos de los cuales están vivos pero destinados, si no cambian, a su muerte política.
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