EL SHOW DE LA SALGADO

9 Febrero 2010

Si en Davos Zapatero no convenció a sus anfitriones financieros ¿ cómo iba a convencer la señora Salgado a los gendarmes intelectuales del mercado en su visita a la sede del ” Financial Times” en Londres ? Por mucho que pueda ser su capacidad de seducción y salta a la vista que la tiene, no caerían en sus redes aquellos que saben mejor que nadie que no es lo mismo predicar que dar trigo. Será el show road londinense habitual por estas fechas, pero ayer fue como enviarla a meterse en la boca del lobo especulador. Ni Caperucita Roja hubiese tenido el valor temerario o ingenua insensatez demostrada durante el show de la Salgado.
Después de haberse tragado el viernes el sapo del retroceso sobre el recorte de las pensiones, ante el espectro de una huelga general, sus promesas chocaban con la ausencia de sólidos proyectos gubernamentales adecuados a todas las exigencias financieras. Su reiterado predicar no iba acompañado ni siquiera de un gramo de trigo. Mal colocada entre la espada de Davos y la pared sindical, obligada a presentar como simulación lo que era un cálculo sobre la cuantía de las jubilaciones, la señora Salgado carecía de credibilidad alguna fuera de España, ante los tribunales de excepción del mercado, y dentro de España, ante Comisiones Obreras y la Unión General de Trabajadores.
Inteligente, discreta, elegante y trabajadora, no es, sin embargo, Boyer, Solchaga, Rato o Solbes. No tiene el curriculum de estos cuatro mosqueteros económicos, ni su prestigio profesional, ni su tirón en el mundo económico. Pese a estas carencias, Zapatero tuvo la osadía de encargarle los asuntos económicos en la peor crisis vivida por el capitalismo desde el crash de 1929. No fue, desde luego, la mejor elección optar por una secretaria en vez de nombrar un peso pesado como, por ejemplo, Julio Segura. No es nada casual que Boyer vuelva a jugar un destacado papel en la Moncloa con la habitual discrección que le caracteriza. En el pecado lleva la penitencia.
La lista de pedidos de Davos, un tajo brutal a los derechos adquiridos de la mayoría de los españoles, está sobre la mesa de Zapatero. Le toca optar por la paz social o por su ruptura. Sus anfitriones y los de la señora Salgado exigen trigo por partida triple: recorte de pensiones, abaratamiento del despido y reducción del gasto público. Fernández Toxo y Cándido Méndez, se niegan a darlo ni por separado. Tanto unos como otros están cansados de oírle predicar. Dilatar la decisión es un error. En las crisis, la historia lo enseña, no siempre es ventajoso diferir o suspender decisiones arriesgadas suponiendo que en el futuro serán menos peligrosas. Dos años en la Moncloa le indican que hay más riesgo que ayer, pero menos que mañana.


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